Estimada Presidenta

Soy un afortunado que pudo estudiar en un colegio privado en los ochentas para luego transformarme en profesional que estudió con crédito universitario en los noventa, y desde que comenzó este milenio he caminado apasionadamente por el sendero de esta aventura que se llama EMPRENDER.

Y por eso, ante todo, me presento respetuosa y orgullosamente como un chileno emprendedor con una mochila cargada de experiencias tras 14 años de recorrer ideas y proyectos propios así como de miles de compañeros de ruta en Chile y el extranjero. Por lo anterior, espero tome mis palabras a bien y considere mi punto de vista como el de tantos y jamás como el de todos.

Lo primero de cinco cosas es desearle todo el éxito del mundo. Nosotros, los emprendedores, nos caracterizamos por el positivismo, por una actitud colaborativa para que todos los que sueñan alcancen sus sueños. Por eso es que no podría partir de otra forma más allá de que me reste de cualquier militancia en política. Su éxito será el éxito del Chile que la escogió Presidenta por los próximos cuatro años.

Lo segundo es expresarle mi preocupación por el sello que tendrá su Gobierno respecto del emprendimiento. Venimos de los años del emprendimiento (2012) y de la innovación (2013) y de una gestión que impulsó desde el primer momento ambas materias y de manera transversal, lo que permitió el fortalecimiento de un ecosistema nacional que hoy nos tiene validados en todo el mundo como ejemplo. ¿Escuchó eso del “próximo Chilecon Valley”? Bueno, a eso me refiero: ya es una realidad y existen altas expectativas creadas que generarán una importante presión a su equipo para que todo lo instalado en materia de emprendimiento se mantenga, se potencie y se abran más oportunidades especialmente en regiones.

Del fuerte y decidido impulso de la anterior administración se fortalecieron y aparecieron iniciativas públicas, privadas y espontáneas, como StartUp Chile, la Asociación de Emprendedores de Chile (Asech AG), docenas de aceleradoras, cientos de talleres y cursos que van más allá de la teoría universitaria, y miles de nuevos emprendedores que se atrevieron a salir del clásico camino de la empleabilidad para recorrer este tan emocionante como peligroso derrotero del emprendimiento.

Y de ese peligro es lo tercero que quisiera hablarle: uno de los grandes problemas no atendidos es el miedo a fracasar. En otras latitudes el fracaso es visto como un aprendizaje que te acerca más al éxito, pero acá no. Es obvio que estamos frente a un problema cultural que involucra a toda una sociedad y del cual Usted no se puede hacer cargo, pero si debe comprender que dado el alto incentivo a emprender se viene un alto porcentaje de chilenos desanimados (nueve de cada diez ideas fracasa) y con las narices quebradas tras el portazo del mercado. ¿Qué hacemos con ellos para que el castigo social y principalmente económico no mate el aprendizaje y la experiencia adquirida?

El cuarto punto lo quisiera plantear con una pregunta ¿Cuántos emprendimientos chilenos no tradicionales han tenido un impacto mundial? ¿Tres? ¿Dos? Ninguno. Es cierto que muchos han levantado financiamiento y están entrando a mercados más grandes, pero sabemos muy pocos de sus historias, la experiencia, sus redes y cómo se levantaron tras el seguro fracaso que les permitió llegar al éxito. Me parece que estos embajadores del emprendimiento nacional en el mundo requieren un sitial de mayor relevancia para orientar a otros y empujar a que se generen ideas de impacto mundial.

Por último pienso que existen diversas herramientas para levantar financiamiento y capacitarse en materias emprendedoras, pero existe un gran vacío en el apoyo necesario para realizar sus primeras ventas. ¿Es posible que ChileCompra reconozca y de más oportunidades a los emprendimientos nacionales al momento de licitar sus ofertas? ¿El Gobierno puede impulsar de algún modo la presencia sistemática de los emprendedores apoyados por Corfo, Sercotec, Fosis y de toda la Red de Fomento del Estado en los medios de comunicación? Así como les damos un empujón para comenzar, pensemos la forma de darles el primer empujón comercial, para que luego sea el mercado quien decida si esa idea es o no viable. ¿No le parece?

Nunca olvido unas palabras que me dejó Felipe Berríos (SJ) en una entrevista que le hice hace ya varios años: “Detrás de cada empresa hay un empresario, así como detrás de cada persona hay un sueño”. Aspiro a que en su Gobierno no se nos trate como un número, como una tasa variable ni como un porcentaje de estadísticas frías. Los emprendedores necesitamos que se nos tome en serio, pero a nosotros primero y luego a nuestros planes de negocio. ¿Cómo?

Existe un dicho popular que lo ajusto a la modernidad: “el papel digital lo aguanta todo” y por eso para terminar dejo una idea en sus manos para que la tome a bien y analice cuán factible es de realizar. Y se trata simplemente de dialogar con nosotros, de que se incluya la opinión de los emprendedores antes de toma decisiones para apoyarnos. Si nos premian por creativos y por innovadores, ¿por qué no nos invitan a volcar toda esa creatividad y capacidad innovadora al servicio de las políticas de apoyo al emprendimiento? Pienso que un grupo transversal que incluya desde emprendedores sociales hasta los más tecnológicos, pasando por la investigación escolar hasta quienes se han consolidado en el extranjero, y no en un grupo acotado vinculado con el éxito de los grandes números.

Reiterando mis sinceros deseos de éxito en toda su gestión, y particularmente en el ámbito del emprendimiento, le saluda respetuosamente;

Leonardo Alfredo Meyer Zúñiga
Entrepreneurship Lover
12.468.005 – 7
@leomeyer

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