Tras un año tan extraño como el 2012, solo tengo palabras de agradecimiento. ¿Agradecer qué?:

  1. El tremendo amor de mi familia, que me contiene y me expande cuando más lo necesito. Aquí nacen las sonrisas espontáneas, la felicidad empática y el cariño que me regresa a la infancia.
  2. El “aguante” de los amigos, de esos que entran y salen por mi vida sin pedir permiso porque sienten que pertenencen a ella. Sus retos para dosificar y sus catarsis para expiar.
  3. Los minutos de todos los que asisten a mis charlas: alumnos, emprendedores, profesionales, que invierten tiempo en escuchar lo que tengo por decir. Estoy muy lejos de la maestría, pero no me importa caminar lo necesario hasta acercarme.
  4. A mi Pepe Grillo, ese que me despierta de madrugada para buscar la solución, determinar las opciones o comparar los resultados. Este amigo imaginario que siempre tiene respuestas, que no me abandona.
  5. A mis libros, que procuro aumentar y conocer cada vez más. Esas hojas amarillas, blancas y recicladas llenas de rayas y apuntes, que dan sentido al paso por esta vida de aprendizajes. Amigos silentes, compañeros de luna.

Gracias mundo por no colapsar (aún), por no acabar, por darme más vida y darle más vida al entorno que referencia quién soy. Por darle más vida a mi madre, más esperanzas a mis ideas y más calor a mi hijo.

Allá vamos, 2013!

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