Los hippies 2.0 son dioses que antes de los 30 tienen rendidos ante sus zapatillas a usuarios, profesionales, académicos, economistas, presidentes, reinas, plebeyos y obreros de aquí, allá y más allá.

Los hippies marcaron una época en el mundo. Durante casi una década revolucionaron todo con locas armonías, festivales masivos y símbolos de amor y de paz. Posicionaron en gran parte del planeta que todo se podía con el “flower power”, el poder de las flores: sí al amor, no a la guerra.

Fue una generación que atacó todo lo establecido -lo político, lo corporativo y los estamentos sociales- y que hizo tambalear las “formas”. Se enfrentó a un modelo tradicional y capitalista que estaba encaminado a una expansión global sin precedentes que de alguna forma, ponía en jaque el materialismo.

Sin embargo, las soluciones que proponía eran poco viables. El tiempo pasó, los hippies comenzaron a tener familia y envejecer. El mundo cambio y las ideologías comenzaron a dar paso a realidades más concretas: el fin de la Guerra de Vietnam, la crisis del petróleo, debacles económicas, el final de la Guerra Fría y, finalmente, el amor por el dinero propio de Wall Street.

Sin embargo, todavía quedan hippies. Algunos bajo el formato antiguo: con el cabello largo, cultos, desprendidos y viviendo al margen del sistema. Pero también existe una renovada versión de ellos. Es una nueva generación de jóvenes que comparten un mismo elemento y lo ubican al centro de sus vidas: la tecnología. El hacer tecnología y socializar a través de ella. El construir un mundo inmaterial donde, al igual que lo que predicaban sus antecesores de fines de los años sesenta, todo existe y todo se puede. ¿Y lo que no? Se crea.

Son los startups, los “emprendedores gacela” que evolucionaron e inspirados por Google, Facebook y Twitter, por nombrar algunos ejemplos, decidieron dedicar su juventud para crear aplicaciones que permitan acceder gratis a lo que antes era limitado o pagado. Algunos no lo dicen, pero a la mayoría los mueve el romper los esquemas y cumplir los sueños y las ideas que vienen a sus inquietas mentes. Steve Jobs es el copiloto.

La nueva paloma de la paz hoy se expresa en 140 caracteres. Tienen su espacio en Silicon Valley. Y se reúnen en torno a la música y unas cervezas. Tal como los hippies de Woodstock. Así como lo hicieron Jimi Hendrix y Janis Joplin.

Pero lo hacen de una manera distinta. Aterrizada. Innovadora. Cambiaron las flores por códigos creadores incluso de vida artificial. Son los nuevos dioses que antes de los 30 tienen rendidos ante sus zapatillas a usuarios, profesionales, académicos, economistas, presidentes, reinas, plebeyos y obreros de aquí, allá y más allá.

¿Cuánto durarán los hippies 2.0? ¿Hasta dónde llegará el “flotech power” que busca el libre acceso, la gratuidad o el pago justo en todo? ¿Lograrán cruzar el punto de no retorno que transforme esas corporaciones que rinden culto al cargo fijo, a los seguros innecesarios, a los impuestos y los costos inverosímiles, en vestigios de un modelo que colapsó?

Columna publicada en Diario Pulso - 17 de abril 2014 By @leomeyer
Columna publicada en Diario Pulso – 17 de abril 2014

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