El año 2010 nos visitó Carl Honoré, quien dejó instalada la necesidad de cuestionar el culto a la velocidad cuando no existen razones de fondo que la justifiquen. De eso trata su libro “Elogio de la Lentitud”, que desde ya los invito a leer, y todo el Movimiento Slow que ya cubre todo el mundo.

A pocos días de que finalice el “año del emprendimiento” impulsado por el Gobierno de Chile, bien valen algunas reflexiones personales sobre esta fiebre por generar nuevas empresas: crear una empresa en un día es un cambio de forma y no de fondo.

El apresuramiento es un factor negativo en todo proceso de largo aliento como es crear una empresa. Es igual a pasarle las cosas en la mano a un niño, evitándole aprender de los procesos propios de un mundo que difícilmente se acomodará a él a futuro.

Esa velocidad desmesurada atenta en contra de la reflexión, el aprender a hacer, el desarrollo de habilidades como la paciencia y la constancia. Puedo entender que existirán ahorros importantes en los trámites que antes eran pagados, pero el daño –y tal como ocurre con los daños más corrosivos– es aún más costoso.

En este mismo tema: ¿Dónde está el apoyo a la capacitación en habilidades tales como delegar, negociar, exponer una idea, generación de redes y tantas otras que hoy tienen solo la opción del camino largo y amedrentador del “día a día”? Las autoridades parecen estar preocupadas del incentivo para emprender, pero no se ocupan de apoyar del mismo modo la gestión, la venta y el acceso a redes.

“Ya emprendí ¿Y ahora qué?” es una charla que dictamos el mes de octubre en conjunto con Jaime de Casacuberta para más de 300 mujeres apoyadas por el Servicio Nacional de la Mujer, Sernam. En esa oportunidad quedó muy clara la necesidad de ocuparse de la formación de quienes emprenden, reforzar las fortalezas y corregir las debilidades, así como también aprender a visualizar y aprovechar las oportunidades al tiempo que nos protegemos de las amenazas.

Insisto: armas tu empresa, sacas rut, ganas un fondo concursable, te reúnes con clientes, haces algunas facturas… ¿Y ahora qué? Una menor porción de emprendedores lo sabe y lo logra. Pero una mayoría se da de bruces con una realidad que aparece escondida tras proyectos de ley como constituir una empresa en un día, donde parece ser tan fácil emprender.

Soy un hincha del emprendimiento, pero también me siento responsable como comunicador de decir que no todo lo que brilla es oro. Puede verse hermoso que las tasas de emprendedores nacionales se duplique, pero el costo de incentivar el emprendimiento de manera irresponsable puede ser aún más profundo.

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